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¿Tu mascota te extraña cuando sales?

Foto del escritor: Huellas y Letras
Huellas y Letras
21 ago
4 min de lectura

Midia Mascotas


Para ti es una ausencia.

Para ella puede ser una espera.


Cierras la puerta, te despides de tu perro o de tu gato y sales de casa.

Tú sabes algo que ellos no pueden saber con certeza: que vas a regresar.

Quizá dentro de unas horas estarás nuevamente frente a esa puerta. Tu mascota no conoce tu agenda, no entiende tus reuniones ni sabe que hoy saldrás más tarde de lo habitual.

Solo sabe que te fuiste.

Y entonces aparece una pregunta que parece sencilla, pero no lo es:

¿Tu mascota te extraña cuando sales?

La ciencia no permite afirmar que todos los animales vivan la ausencia exactamente como nosotros. Pero sí sabemos que perros y gatos pueden establecer vínculos importantes con las personas y que, en algunos individuos, la separación puede provocar cambios claros de conducta.

La verdadera pregunta quizá sea otra:

¿Qué significa nuestra ausencia para ellos?

Tu perro no te ve solamente como quien le da de comer

Los perros pueden desarrollar con sus humanos un vínculo de apego.

Diversos estudios han encontrado un efecto conocido como “base segura”: la presencia de su persona de referencia puede favorecer que el perro explore y se enfrente a situaciones nuevas. Cuando esa persona desaparece, algunos perros modifican su comportamiento.

Eso no significa que un perro pase cada minuto que estamos fuera mirando la puerta y sufriendo.

De hecho, algunos perros acostumbrados a quedarse solos durante periodos breves no muestran indicadores claros de ansiedad simplemente porque su dueño no está presente.

Y esa diferencia es fundamental.


Extrañar no es necesariamente sufrir.


Hay perros que sí la pasan mal cuando nos vamos


Existe un problema de comportamiento conocido como trastorno relacionado con la separación.

En estos casos, la ausencia de la persona puede desencadenar conductas como vocalizaciones excesivas, destrucción, intentos de escapar, inquietud o eliminación inapropiada.

Lo importante es observar el patrón.

Si tu perro rompe algo una vez porque estaba aburrido, eso no significa que tenga ansiedad por separación.

Pero si cada vez que sales comienza a ladrar, rascar puertas, destruir objetos o mostrar una angustia intensa, merece atención.

Y hay algo que nunca deberíamos hacer: castigarlo cuando regresamos.


La conducta destructiva o la eliminación durante nuestra ausencia pueden ser manifestaciones de angustia, no una “venganza” por haberlo dejado solo. El castigo puede empeorar el problema.


¿Y los gatos? También pueden notar nuestra ausencia


Durante mucho tiempo se repitió que los gatos eran demasiado independientes para echar de menos a sus humanos.

La realidad es bastante más interesante.

Los estudios disponibles muestran que algunos gatos presentan comportamientos relacionados con la separación de su persona de referencia. Entre ellos pueden aparecer vocalizaciones excesivas, destrucción, eliminación fuera del lugar habitual, inquietud o cambios importantes en su comportamiento.

Pero tampoco debemos convertir esto en una regla.

Cada gato es diferente.

Algunos buscarán nuestra presencia. Otros parecerán perfectamente satisfechos con su propia compañía.

Y que un gato no corra hacia nosotros cuando regresamos tampoco significa que no exista un vínculo.


Entonces... ¿nos extrañan?


Probablemente la pregunta está mal planteada.

Estamos intentando traducir una experiencia animal a una palabra humana.

“Extrañar” implica emociones, recuerdos y una percepción del tiempo que no podemos medir directamente en un perro o un gato.

Lo que sí podemos observar es algo más concreto:

Nuestros animales reconocen a las personas, desarrollan vínculos, responden a nuestras rutinas y, en determinados casos, presentan cambios conductuales ante la separación.

Por eso podemos decir que nuestra ausencia puede importarles.

Lo que no podemos afirmar es que todos la vivan de la misma manera.


Ahora viene la pregunta incómoda

Hasta aquí hablamos de ellos.

Pero pensemos un momento en nosotros.


¿Tú correspondes a ese sentimiento?

Tu mascota puede pasar buena parte del día esperando que regreses.

Tú, en cambio, tienes trabajo, obligaciones, teléfonos, reuniones, pendientes, tráfico, compras, amigos y cientos de cosas que ocupan tu atención.

Para ella, tú eres una parte enorme de su mundo.

Para ti, ella puede ser una parte muy importante de tu mundo...


pero no siempre ocupa el mismo espacio en tu día.

Y aquí aparece una pregunta todavía más incómoda:

Si algún día no regresaras a casa, ¿qué crees que sentiría?

No es una pregunta agradable.

Tampoco pretende serlo.

Porque nosotros sabemos algo que nuestras mascotas no pueden comprender completamente:

que la vida tiene un final.

Ellas no pueden anticipar nuestra última salida.

No saben cuál será nuestro último abrazo.

No saben cuándo será la última vez que abramos la puerta y digamos:

“Ya llegué.”


Tal vez por eso importa tanto el tiempo que sí tenemos

Pensar en esto no debería producir culpa.

Debería producir algo mucho más útil:

presencia.


No necesitas estar todo el día junto a tu mascota.

Necesitas que el tiempo que compartes con ella tenga significado.

Una caminata sin mirar constantemente el teléfono.

Un rato de juego.

Una caricia.

Hablarle.

Observarla.

Sentarte junto a ella.

Prestar atención a lo que intenta comunicarte.

Porque cuidar a una mascota no consiste solamente en alimentarla, llevarla al veterinario o mantener limpio su espacio.

También consiste en construir una relación.


Y quizá ellos nos enseñan algo que nosotros olvidamos

Cuando sales de casa, tu perro no sabe si tienes una presentación importante.

Tu gato no sabe que tienes veinte correos pendientes.

Ellos no conocen tus preocupaciones.

Cuando regresas, simplemente estás ahí otra vez.

Y para ellos, eso puede ser suficiente para convertir un día cualquiera en un buen día.

La investigación sobre el vínculo humano-animal muestra que la relación entre personas y perros puede tener una dimensión de apego y cuidado mutuo.

Por eso quizá la pregunta no debería ser solamente:

“¿Mi mascota me extraña cuando salgo?”


Tal vez deberíamos preguntarnos:

“¿Estoy aprovechando suficientemente el tiempo que ella tiene conmigo?”

Porque para nosotros puede ser una salida más.

Para ella puede ser otra espera.

Y algún día, sin que ninguno de los dos lo sepa, llegará una última salida.

Una última espera.

Un último regreso.


Entenderlos también es amarlos

No podemos saber exactamente qué piensa una mascota cuando nos ve cerrar la puerta.

Pero podemos observarla.

Podemos aprender.

Podemos reconocer sus necesidades.

Podemos entender sus señales.

Y podemos decidir que, cuando estemos juntos, estaremos realmente juntos.

Porque quizá el mejor modo de corresponder al vínculo que nuestros animales construyen con nosotros no sea evitar que nos extrañen.

Sea hacer que cada regreso valga la pena.


Midia MascotasInformación que fortalece el vínculo entre personas y mascotas.


 
 
 

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